Por León Ramírez (@LeonRamz)

Te vas a caer.

La vida es un riesgo y andar en bicicleta por las calles de Ciudad de México implica saber que posiblemente resbalarás, perderás el equilibrio o tu llanta se va a atorar en algún bache. Y puede que haya algunas pequeñas heridas.

Pero el chiste está en perder el miedo. Una vez que lo haces estás del otro lado, donde te espera esa libertad infantil de cuando corrías sin cansarte y sin rumbo; la seguridad de que puedes llegar a cualquier punto de la capital y la sensación –sí, sensación– de que el estrés disminuye.

Es cierto que la capital, y en general el país, no están diseñados para que andemos en bicicleta –algo que los conductores de automóviles se toman muy en serio–, pero eso no es un argumento suficiente para que dejemos de hacer lo que nos gusta. Para nada.

Por si tienes bici; y por si no

El primer paso para rodar es tener una bicicleta. Si te interesa, y te alcanza para comprar una, toma en cuenta que la mayoría de las bicis de medio pelo pueden servir, solo que es recomendable llevarla a servicio para que los frenos hagan su trabajo, funcionen los cambios de velocidad y no se le caigan las piezas.

También, en la ciudad hay cada vez más tiendas. Aunque la mayor variedad la vas a encontrar en la calle San Pablo, ubicada en el Centro Histórico y a la que se puede llegar por las estaciones del Metro Pino Suárez o Merced (si no sabes usar este transporte, acá hay una guía), o en el Metrobús Merced.

Una segunda opción son las bicicletas compartidas. El gobierno capitalino administra Ecobici, que cuenta 480 cicloestaciones y unas 6 mil 800 bicicletas, algunas con pedaleo asistido con energía eléctrica. Están, además, servicios privados como Mobike y Vbike.

Bien. Ahora que tienes una bici cerca puedes empezar a rodar. Primero una mano en el manubrio, después tu cuerpo encima del cuadro, un pie en el pedal, la otra mano en el manubrio, el otro pie en el pedal. Mover uno y otro, y repetir indefinidamente.

Si esta descripción de 30 palabras no te fue suficiente para aprender o recordar lo que te enseñaron cuando joven, puedes acudir a alguna de las biciescuelas que organiza el gobierno capitalino. o

Por dónde andar

Una vez que llegas de un punto a otro en la bicicleta, y que te sientes seguro de hacerlo, estás listo para salir a la calle. Un buen inicio sería conocer las ciclovías.

Ciudad de México cuenta con 170 kilómetros de ciclovías, pedazos de asfalto usualmente pintados de verde y con el logo de una bicicleta por donde, en teoría, puedes circular con toda seguridad sin que los automóviles se atraviesen por tu camino o pasen muy cerca de ti (esta red se encuentra principalmente en el centro de la ciudad y son mínimas a comparación de los kilómetros destinados a los vehículos particulares).

Debes saber que como ciclista puedes pasar por cualquier vialidad aunque no cuente con ciclovía, a excepción de las vías con acceso controlado y, según el reglamento de Tránsito de la Ciudad de México, ocupar todo el carril de extrema derecha, siguiendo el sentido marcado.

(Checa la imagen en alta definición aquí)

Sin embargo, todo tipo de personas convive en esta urbe y si no te toca un conductor cafre que se estaciona en medio del camino –algo que amerita una infracción según el reglamento de tránsito–, un peatón se pondrá a esperar su transporte sobre la ciclovía. Ambos casos pueden hacerte salir de tu carril y lanzarte al arroyo vehicular; siempre te encontrarás con estos imprevistos.

Las ciclovías que yo normalmente recorro son la que van de San Lázaro a Río de los Remedios, sobre Eduardo Molina; y la que pasa por Reforma, desde la Glorieta de Peralvillo (unos kilómetros son compartidos con el Metrobús), hasta Chapultepec.

La primera suele estar sola, con automóviles estacionados y comerciantes sobre sus triciclos, pero es de las más rápidas y con menos interrupciones. En cambio la ciclovía que está sobre Reforma es de las que más tránsito ciclista tiene, incluso hay policías de tránsito en bicicleta, ahí te encontrarás más altos, taxistas o conductores de Uber que hacen paradas o automovilistas que entran a los estacionamientos.

Supongamos que ya te puedes mover en ciclovías y entre calles, pero aún no te atreves a llegar al trabajo, al museo o a la casa de tus amigos en bicicleta. Algo que me dio seguridad para rodar por la ciudad fueron los grupos ciclistas que abundan en Ciudad de México.

La mayoría de ellos se reúne por las noches y dividen sus rutas en principiantes, intermedios y avanzados. Uno de los más activos es Proyecto la Palma, que se reúne a un costado de la Glorieta de la Palma de lunes a viernes a las 21:00 horas. El grupo ciclista tiene un ambiente familiar –van personas de todas las edades– y te apoyan si algo falla a tu bici.

También están, entre otros, División del Sur, Nezabike, Demons Bike y Biciardillas.

Cada domingo, el gobierno capitalino organiza el Paseo Dominical Muévete en Bici. Se trata de un circuito de 55 kilómetros que pasa por Reforma y unas zonas del sur de la ciudad, disponible de 8:00 a 14:00 horas. La ruta cuenta con puntos de servicio mecánico, clases de yoga, biciescuelas y puntos de servicios médicos.

Paseo dominical Mueve en Bici. Aquí más información.

La gran prueba es el último domingo de cada mes, cuando el gobierno habilita el Ciclotón, un circuito de un total de 97 kilómetros en el que se incluyen varios puentes de Circuito Interior y cuenta con los mismos servicios que el paseo dominical. No te espantes si no lo logras a la primera.

Ciclotrón. Aquí para más información.

Anda seguro: casco, guantes y seguros

Ya que te animaste, que te diste cuenta que puedes andar por las calles de la ciudad y te sientes cómodo, falta afinar los últimos detalles para que te sueltes totalmente.

El primero, y el más polémico, es el casco. A algunas personas les incomoda porque da calor, arruina el peinado o porque te hace ver como un nerd –y sí–. Aunque en nuestra ciudad no es obligatorio ponerte uno, hay quienes lo recomiendan porque te puede ahorrar algunas descalabradas o raspones.
Yo lo uso porque me hace sentir más seguro, pero recomiendo ver este video de The Guardian en donde explican que tener puesto uno no necesariamente te salvará la vida y puede que implique un riesgo mayor.

Los guantes, te suden las manos o no, te dan mayor agarre al manubrio y pueden evitar algunas heridas en las palmas, si es que llegas a caer.

Las luces y reflejantes sí hacen la diferencia cuando ruedas por las noches o las mañanas. Tampoco son obligatorios, pero sí permiten que los automovilistas, que son el principal riesgo, puedan estar conscientes de que estás ahí. Si no los usas, trata de hacer contacto visual con los conductores.

Después está la herramienta. A nadie le gusta estar cargando con ella, pero si decides hacer un trayecto largo es probable que algún día se te ponche la llanta, se desajusten tus frenos o se mueva tu manubrio. Aunque en general las bicicletas manejan piezas diferentes, hay multiherramientas que te pueden servir, en conjunto con un kit con parches y pegamento y una cámara extra de la medida de tu llanta.

Si decidiste comprar una bici, es necesario asegurarla cuando no estés cerca de ella. Mi recomendación es que no te alejes mucho de donde la dejes y, de preferencia, la tengas dentro de un establecimiento (casa, oficina, etc). Si no es posible, lo ideal es comprar un candado tipo U (U-Lock) o una cadena especial para bicicletas. ¡POR FAVOR, NO LA DEJES ATADA CON UN CABLE PORQUE NO SIRVEN!

Así de fácil es cortarlos:

Hay lugares como la Cineteca Nacional y el Cine Tonalá que cuentan con biciestacionamientos que normalmente están vigilados por un guardia. (¿Conoces algún otro? Pásamelo por tuiter.).

*Foto de portada: Roman Koester.

Publicado por lavidaencdmx

Este es un blog colaborativo donde se escribe sobre cómo es vivir en la Ciudad de México: relaciones, trabajo, amistades. Lo bueno y lo malo, lo feo y lo bonito, contado por personas que viven, o han vivido, aquí.

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