Por Fer Montes de Oca (@NandodeOca)*

No me sentía del todo bien. Acostado en la cama comenzó a faltarme la respiración, no podía pensar en otra cosa que no fuera en el aire que entraba por mi nariz. Me levanté a preparar un sándwich. Eran como las 11 de la noche. Les dije a mis amigos que no tenía ganas de salir. Mi roomie no llegaría a dormir. Estaba solo.

Me recosté de nuevo. Intentaba conciliar el sueño pero unos ​pensamientos intensos invadían mi cabeza: “¿qué pasaría si ahorita me levanto de la cama, voy a la cocina y me encajo un cuchillo?”. Esos pensamientos macabros, por poner un adjetivo suave, duraban en mi cabeza un par de segundos.

Tomé el celular, googleé “ataque de ansiedad” y me asusté poquito. Los pensamientos eran continuos. Había otro que me hacía pensar en saltar de mi balcón. Sí, sé que parecen suicidas, pero en mi cabeza eran registrados solo como una posibilidad, nunca pensé en realidad hacerme daño; era como “ahorita puedo ir saltar del balcón”, pero no lo haría de verdad.

Así se ve una parte de mi depa cuando está todo oscuro.

Después de darme un baño, y comerme el sándwich, me llegó el sueño.

Al día siguiente identifiqué que en realidad había tenido un ataque de pánico.

Qué son los ataques de pánico

Los síntomas de una crisis de pánico “son muy típicos”, explica Jerónimo Sáiz Ruíz, jefe del Servicio de Psiquiatría del Hospital Universitario Ramón y Cajal, en Madrid. “Son muy violentos, muy súbitos, muy intensos y rápidos y producen mucho malestar”, según platica en una entrevista para ​un portal de salud.

Supe también que los ataques de pánico se generan cuando tenemos mucho estrés: por el trabajo, las relaciones, la familia, algo que creemos que puede salirse de nuestras manos.

En la mayoría de los casos la gente desarrolla los llamados síntomas de evitación, que son síntomas fóbicos por los cuales empiezan a tener un miedo irracional y exagerado. “Este temor está relacionado con la creencia de que si tenemos un ataque cuando estamos solos no vamos a recibir ayuda”, dice Sáiz.

La noche de mi ataque, mi roomie no estaba; mis amigos estaban de fiesta, y mi familia iba rumbo a Talpa de Allende, un pueblito que suelen visitar mucho en mi natal Colima. Recuerdo que la última vez que visité Talpa tendría unos 11 años, los celulares no estaban de moda y la comunicación era complicada. De ahí, pensé después, venía mi sensación de sentirme completamente solo cuando me llegó el ataque de pánico, creía que nadie de mi familia iba a atender mi llamada en caso de una emergencia mayor, aún cuando éstos viven a más de 500 kilómetros de distancia.

Los días previos a esa terrible noche de noviembre había tenido un estrés aumentado en la oficina. Trabajo como Editor de Redes Sociales de un importante portal de noticias, la presión por la Cuarta Transformación, que estaba por entrar al poder, me invadía, y ese fin de semana de la Consulta Nacional para el Tren Maya saqué todo mi malestar y lo reflejé en un ataque de pánico intenso.

Un atardecer oscuro desde mi balcón. Así de tenebroso se veía en mi cabeza el pánico. Foto @Juaz.

Los días previos a esa noche odiaba la Ciudad. Me disgustaba el tráfico y el exceso de personas; el humo de los camiones me parecía excesivo; tenía calor y mal humor; sentía que la Ciudad me estaba escupiendo lejos de ella. Quería irme, pero no a Colima. Me sentía perdido. Fue el estrés.

Han pasado 5 meses desde ese ataque y desde entonces he tenido otros, pero en un nivel muchísimo menor. La tranquilidad ha vuelto y me gusta pensar que ese trágico incidente fue un caso aislado.

Todos podemos tener uno, por eso hay que estar preparados.

¿Cómo lidiar con un ataque de pánico?

No soy experto, solo he lidiado con un ataque, pero he leído que para superarlos pueden intentar técnicas de relajación; entretenernos en otras cosas para no pensar en el problema; llamar a alguien, o estar siempre acompañados.

Lo que más recomiendo es tener un psicólogo de cabecera al que podamos marcar cuando nos sintamos sensibles, además, nada mejor que tener una mente sana.

Aquí algunas recomendaciones para lidiar con el pánico.

Vencí (esa vez)

Sí. La Ciudad de México es complicada. Inmensa, llena de gente y de autos. Hay mucha competencia en todo sentido. Es grande y, en ciertos momentos, poco funcional. Pero ahora que estoy relajado vuelvo a decirles que me gusta estar aquí.

Si planean mudarse para acá tengan en cuenta que hay que saber lidiar con el estrés y aprender a vivir en edificios y en una zona sísmica.

Todo pasa. La luz llegó después de un sábado tenebroso. Así se ve mi edificio de día. Foto: @NandodeOca.

Aquella noche de sábado vencí, pero soy consciente de que otra batalla puede llegar en un momento de inestabilidad.

*Publicado originalmente en Colimaantiguo.com.mx (aunque editado por el autor para contar más detalles).

Publicado por lavidaencdmx

Este es un blog colaborativo donde se escribe sobre cómo es vivir en la Ciudad de México: relaciones, trabajo, amistades. Lo bueno y lo malo, lo feo y lo bonito, contado por personas que viven, o han vivido, aquí.

Deja un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: