Por: César Galicia (@cesargalicia_)

Publicado originalmente en el Medium del autor.

Alguna vez leí que tu hogar era el lugar donde estaban tus libros. Una idea cursi, claro, pero a semanas de irme a vivir a Guadalajara y desesperado por validar mi decisión de abandonar la casa y la ciudad donde crecí, decidí hacerle caso y me los llevé casi todos. Funcionó. Instalé dos libreros en mi cuarto para poder verlos después de despertar y antes de dormir; sentarme frente a mis libros y contemplarlos o reordenarlos me otorgaba serenidad, me hacía sentir que estaba en un espacio seguro cuando a medianoche despertaba y la ciudad se engrandecía y yo me sentía diminuto y pensaba, bueno, qué carajo hago acá. Durante unos pocos meses, mi hogar fue el espacio entre mi cama y mi librero. Pero un día, como si nada, el encanto terminó, y mi cuarto pasó a ser solo un espacio de cuatro paredes, un techo y un montón de objetos sin afectos ni significado. 

No sé qué sea un hogar, pero tengo ideas. Un hogar no es estático, o al menos podría no serlo, o al menos no creo que lo sea para mí. Supongo que un hogar puede ser una patria, pero yo, como José Emilio Pacheco, apenas alcanzo a amar algunos bosques, calles, montañas y ríos de este país tan ominoso como bello como violento como caótico. Un hogar no es un lugar sino la idea de ese lugar y los afectos que le arrojamos, por eso a los hogares hay que nutrirlos como a un niño al que hay que consolarlo constantemente de sus terrores nocturnos. Un hogar es un palimpsesto que se reescribe con las experiencias que adquirimos al crecer y quizás solo existe en la añoranza. Supongo que por eso he llegado a la conclusión de que tengo varios hogares.

“Un hogar no es un lugar sino la idea de ese lugar y los afectos que le arrojamos”

Un hogar es el departamento en el que me reúno con mis amigxs para bailar y beber y reír y coger y celebrar que con todo y las enfermedades, los empleos malpagados, los jefes pendejos, la perra depresión, los duelos no resueltos, la confusión existencial, la inminente amenaza del fin del mundo y todas esas cosas que vienen con la adultez millennial, igual tenemos vida y un chingo de ganas de vivirla. Un hogar son las películas que veo con mi madre, es la risa de mi hermana, es cualquier restaurante de carnitas en el que esté mi padre  - un hogar es donde comen las personas a las que se ama - . Un hogar es el transporte público en el que lloras porque extrañas los otros lugares a los que llamas hogar, es el puesto de tacos o de memelas al que vas los domingos por la mañana, es la calle en la que te detienes a pensar “no está mal que esté aquí”. Hogar era Chuck zafándose de mis brazos por el calor y deslizándose hacia la base de la cama para dormir tranquila, y ahora que ha muerto, dudo mucho que el cuarto en el que crecí volverá a sentirse así de habitable. Hay abrazos que se sienten como la promesa de un hogar y hay besos que son como asilos temporales y hay amaneceres en los que despiertas y no estás solo y estás enamorado y piensas, carajo, ¿acaso no esto es perfecto? ¿acaso no todo es perfecto? Y ese amanecer también es un hogar porque narrarte sin él sería fragmentar la historia de los momentos en lo que te pudiste haber muerto y todo hubiera estado bien.

“Un hogar es el transporte público en el que lloras porque extrañas los otros lugares a los que llamas hogar”

Un hogar es simultáneamente descubrimiento y construcción, y después de eso, un hogar son memorias que se revisitan y se revisten y algún día quizás ellas también dejen de ser un hogar -porque la gente muere, porque los amores terminan, porque los afectos se pierden -  y eso no está mal y no debe ser considerado ninguna tragedia.

Todo esto para decir: esta semana me voy de Guadalajara y me mudo a la bella y monstruosa CDMX y emprendo, nuevamente, la tarea de hacerme de un hogar. No pasa nada: mi corazón ya habita varios lugares, recuerdos y personas y confío en que este cambio tiene un buen horizonte. Sorprendentemente, estoy tranquilo y contento.

Y si no, si todo falla, siempre tengo un librero al cual regresar.

*Foto de portada: Román López.

Publicado por lavidaencdmx

Este es un blog colaborativo donde se escribe sobre cómo es vivir en la Ciudad de México: relaciones, trabajo, amistades. Lo bueno y lo malo, lo feo y lo bonito, contado por personas que viven, o han vivido, aquí.

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